Católicos Imprimir

El catolicismo es actualmente el colectivo con un mayor número de fieles a nivel mundial, con más de 1000 millones, seguido muy de cerca por el islam sunita; es por tanto la iglesia mayoritaria en seno el cristianismo. Hay implantación del catolicismo en todos los países del mundo, destacando, por su dinamismo, los países sudamericanos y africanos.

En lo relativo al modelo de liderazgo, se caracteriza por otorgar un papel de preeminencia en las tomas de decisiones al papa, el obispo de Roma. Desde la separación entre el catolicismo y la ortodoxia en el año 1054, durante el mandato de un papa, León IX (1049-1054), que se destacó por su celo en definir la preeminencia papal y en institucionalizar una estructura eclesial nueva (basada en el colegio cardenalicio) e independiente de las injerencias de los poderes seculares, el catolicismo ha ahondado en dotarse de una estructura piramidal y centralizada en el funcionamiento eclesial que ha demostrado una gran eficacia en muchos aspectos, por ejemplo, en la acción misionera, que ha sido a lo largo de la historia, y sigue siendo, muy destacada a escala global. De todos modos, a pesar de esta fuerte centralización, el catolicismo presenta, y ha presentado en el pasado, una cierta diversidad y una destacada capacidad de adaptación a diferentes lugares, momentos y contextos, que permite en parte explicar su perdurable impacto mundial y su dinamismo en la actualidad.

Es la forma de religión mayoritaria en la Europa meridional (Italia, Francia, España, Portugal), en diversos otros territorios europeos (Sur de Alemania, Austria, Polonia, Irlanda, Bélgica, etc.) y en las zonas del mundo sobre las que, a partir del siglo XV, gobernaron las potencias europeas católicas: los imperios español, portugués, francés y belga, que llevan a que en gran parte del continente americano y en extensas zonas de África, así como en puntos muy determinados de Asia (como Filipinas), el catolicismo sea la religión mayoritaria.

El impacto de la modernidad, el desarrollo de la ciencia y la consolidación de la sociedad industrial potenciaron el surgimiento de una crítica al catolicismo que tuvo en Francia su bastión más destacado. El papado reaccionó durante un tiempo con un posicionamiento antiliberal y antimoderno que, por ejemplo, en España llevó a que apostase en ocasiones por los planteamientos tradicionalistas del carlismo en los sangrientos enfrentamientos que caracterizaron el siglo XIX. Con el concilio Vaticano II (1962-1965) que marcó la renovación general de la Iglesia católica tanto desde el punto de vista litúrgico (con el empleo de las lenguas vernáculas en los oficios) como doctrinal, se ha producido una modernización destacada del catolicismo. Por ejemplo, se aprobó una declaración a favor de la libertad religiosa que incluso determinó que tuviesen que matizarse las leyes franquistas que ponían impedimentos al libre culto en España. Por otra parte, se aprobaron declaraciones a favor no solo del ecumenismo (del diálogo con otras iglesias cristianas), sino hasta en apoyo del diálogo interreligioso.

La modernidad despojó al catolicismo de su categoría de religión oficial en muchos países, creando un nuevo modelo de fe basado, sobre todo en Occidente, en grupos muy extensos de fieles que, aun conservando una vinculación ideológica (aunque vaga) con el catolicismo (lo que podríamos denominar católicos culturales o sociológicos), desarrollan una práctica religiosa muy esporádica o incluso nula (o limitada exclusivamente a los ritos bautismal, funerario y en menor medida matrimonial).

En España el catolicismo es la opción religiosa de la gran mayoría de la población desde finales del siglo IV hasta la actualidad, si descontamos los dos siglos largos entre el IX y el XI en que el islam fue la religión con más seguidores. Ha sido la religión oficial hasta 1978, presentando una notable posición de preeminencia en múltiples niveles simbólicos, culturales, de conformación de los imaginarios colectivos, de construcción de los modelos convivenciales, etc. También hay que tener en cuenta que se impusieron trabas para el libre ejercicio de las demás opciones religiosas, salvo excepciones, durante los últimos cinco siglos de la historia de España y hasta la implantación de la democracia en 1978.

La iglesia católica presenta la red de lugares de culto más destacada en España, que incluye 23.071 parroquias y un patrimonio monumental riquísimo que engloba desde grandes catedrales a millares de pequeñas ermitas que jalonan toda la geografía del país. España está dividida en 70 diócesis y hay cerca de 19.000 sacerdotes y casi 60.000 religiosos. La institución principal en el gobierno del catolicismo español, junto a las directrices de la Santa Sede y el papel del nuncio vaticano, es la Conferencia Episcopal Española. La importancia del catolicismo español fuera de las fronteras del país es muy destacada, hay más de un centenar de obispos españoles en diócesis no españolas y 13.000 misioneros españoles repartidos por todo el mundo, siendo así uno de los países con mayor implantación misionera internacional.

El catolicismo español se caracteriza desde las últimas tres décadas por unas tasas bajas de cumplimiento (de asistencia a los oficios y otras prácticas religiosas) que se combinan con una pertenencia difusa pero constante (más del 70% de la población se considera católica aunque menos de un 20% sean practicantes habituales). En comparación, el cumplimiento es más constante, por ejemplo, en la mayoría de los grupos cristianos evangélicos e independientes, aunque hay que tener en cuenta que en los últimos tiempos se ha producido un aumento de la práctica religiosa católica como consecuencia del importante peso numérico de la población inmigrante proveniente de países de Iberoamérica, donde el nivel de cumplimiento es generalmente mayor y más constante que en España.

Junto a las actividades que tienen directa relación con el culto es destacable la acción social que desarrolla en España la Iglesia católica de modo directo o por medio de asociaciones y organizaciones no gubernamentales. También es muy destacado el papel que tienen en el sistema educativo los centros católicos o de inspiración católica. Las relaciones entre el Estado y la Iglesia católica se regulan en España por medio de acuerdos de cooperación de entre los que los principales se firmaron entre la Santa Sede y el Estado Español en 1979.

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